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La Playstation, la realidad virtual y la miopía

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Posted in Miopía By Longitud


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Un artículo muy interesante sobre las nuevas tecnologías y sus riesgos potenciales.
Buena lectura.

Articulo:

Parece que la realidad virtual ya está aquí. En octubre se lanzaba la Playstation VR, un casco que promete traer a casa lo que se conoce como una “experiencia inmersiva”. Y el de Sony no es el único: las tiendas comienzan a llenarse de modelos como los de Samsung, HTC, Google o el Oculus Rift. Pero con ellos han llegado las alarmas, entre ellas esta: ¿podrían aumentar el riesgo de miopía en los niños, como muchos afirman que hacen los videojuegos convencionales?

Sony ha salido rápido al paso. En cuanto a la distancia focal, para la compañía el riesgo no es mayor que el que supone ver correctamente una televisión de 60 pulgadas. Eso sí, recomiendan descansar al menos 15 minutos cada hora de juego. ¿Existe entonces peligro?

La respuesta parece estar todavía en el aire, que diría aquel. Porque aunque resulte hasta cierto punto increíble, la de la miopía es aún una ciencia llena de secretos. Estos son algunos de los hechos y varias de las hipótesis.

¿Qué es y cuánta gente tiene miopía?

La definición dice que la miopía es un defecto de refracción, generalmente debido a que el ojo es más largo de lo normal. Esto hace que los rayos de luz lejanos, al converger, no coincidan en la retina sino antes de ella. De ahí la visión borrosa.

Por alguna razón los números de miopes empiezan a ser alarmantes. En los últimos años se está asistiendo a lo que se ha dado en llamar una epidemia de miopía, casi como si de una enfermedad infecciosa se tratase. En China, por ejemplo, hace 60 años solo había un 10-20% de miopes. Ahora, casi el 90% lo son. Y el fenómeno no es solo oriental: en Estados Unidos se pasó de un 25% en 1970 a más de un 40% en el año 2000. En España las cifras dicen que un 25% de personas tienen miopía, y que casi el 50% de los jóvenes entre 21 y 30 años la sufren.

¿Qué está pasando para que los números se disparen así? ¿Qué hay detrás de la epidemia?

¿Qué causa la miopía?

Como tantas otras de las cosas humanas, la miopía parece tener un componente genético y otro ambiental. El principal factor de riesgo para sufrirla es tener padres miopes, especialmente si ambos lo son. Y ya se han descrito diversas regiones de riesgo en el ADN. Pero algo está sucediendo que trasciende a la genética. Por ejemplo: un estudio del año 1969 observó que menos del 2% de los adultos Inuit, habitantes de pueblos esquimales de Alaska que habían crecido aislados, eran miopes. Sin embargo, más de la mitad de sus hijos y nietos lo eran. Y treinta o sesenta años son una mota de polvo temporal casi anecdótica para lo que acostumbra a necesitar la evolución. ¿Qué se pensaba que pasaba? Que los más jóvenes habían empezado a estudiar.

La hipótesis más famosa fue durante mucho tiempo la del trabajo de acomodación, el proceso por el que, al fijar la vista en un objeto cercano (un libro, una pantalla, un casco de inmersión virtual) el músculo ciliar del ojo se contrae para hacer al cristalino más esférico y lograr así enfocar los rayos de luz que de tan cerca le llegan. La idea era que, con la tensión continuada, se alteraba su curvatura y crecimiento. La teoría terminó de fijarse en el siglo XIX, pero es tan antigua que parece venir del astrónomo Kepler, hace más de 400 años, cuando achacó su miopía a todo el tiempo que había pasado estudiando.

Las primeras investigaciones modernas parecían respaldarla. Muchas de ellas veían una clara asociación entre el nivel de estudios y el desarrollo de miopía. Y bastantes la relacionaron con largos periodos de lectura y más recientemente con el consumo excesivo de televisión y videojuegos. Hasta el punto de que los optometristas españoles han afirmado que estos últimos están detrás del 30% de los problemas visuales en los niños. Entre estos problemas están la irritación o el ojo seco, pero también la miopía.

Esos estudios, sin embargo, tenían varios problemas. Solían ser una foto fija más que un estudio a largo plazo, solían basarse en encuestas subjetivas y, sobre todo, parecían ser demasiado simplistas. El hecho de que los niños miopes tendieran a ser más estudiosos -o a invertir sus tardes en videojuegos de los que antes no disponían- no significaba que eso fuera exactamente la causa. Podían ser meros y engañosos ‘acompañantes’ de ella.

¿Qué está disparando entonces la miopía?

Esto es lo que, contradiciendo en parte a los optometristas, decía en una entrevista Kathryn Rose, una importante investigadora australiana: “Muchos estudios han examinado la relación entre el uso del ordenador o la televisión en la salud ocular de los niños y no han encontrado una asociación entre el tiempo que le dedican y el desarrollo de miopía. Aunque es una asociación intuitiva que solemos hacer, simplemente no ha sido confirmada. Hay otros estudios que han encontrado una relación con el tiempo de lectura y de estudio, pero los efectos son pequeños y poco consistentes”.

Y, justo después, una posible solución, un puente camuflado: “Los niños pueden haber sustituido gran parte del tiempo que antes pasaban al aire libre por este tipo de actividades”.

Esta es la teoría de moda, recogida en un artículo en la revista ‘Nature’ y ampliamente comentado en medio mundo: es la falta de exposición a luz solar, el tiempo que los niños pasan ahora encerrados (y leer o jugar a videojuegos es algo que suele hacerse encerrado), el verdadero motor que está acelerando la miopía. Era una causa oculta, como cuando hace años se pensaba que el café causaba cáncer de pulmón. No lo hacía: eran los cigarrillos que se fumaban con él quienes lo provocaban y le culpaban.

Algunos estudios parecen apuntar en esa dirección. Cuando en ellos se introduce la variable “tiempo al aire libre”, esta suele resultar ganadora: a más tiempo fuera, menos miopía. Independientemente de la lectura, el estudio, los videojuegos o incluso del ejercicio físico que pueda hacerse fuera de cuatro paredes.

Hay también un mecanismo que, en el laboratorio, parece explicarlo: la luz solar estimula la liberación de dopamina en la retina, y esta inhibe el crecimiento excesivo del ojo durante el desarrollo.

¿Hay entonces ya un culpable, una conclusión tranquilizadora?

La respuesta, como en este caso, suele ser que no. Se están empezando a hacer ensayos clínicos en Australia para tratar de confirmar la relación con la luz y calibrar hasta qué punto explicaría la epidemia, pero son difíciles de perfilar y tardarán en aparecer. Y, a pesar de las declaraciones de Rose, algunos estudios están encontrando cierta relación, aunque sea pequeña, entre la miopía y la lectura o los videojuegos, independientemente de la exposición a la luz natural.

La ciencia muchas veces avanza a trompicones, como trastabillada buscando una salida. Mientras tanto, queda el sentido común. Si a usted o a sus hijos les gusta la Playstation, disfrútenla: pero no abusen, descansen cada cierto tiempo.

Y procuren hacerlo al aire libre.

Fuente : El Heraldo

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